No apresures los tiempos de tus hijos

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Aunque suena difícil, lo que los niños necesitan más que nada es que los entendamos.

Cada niño tiene otro ritmo. Algunos aprenden más rápido y otros más despacio; algunos disfrutan estar solos, otros prefieren estar acompañados; a unos les gusta saltar y correr sin parar, otros prefieren pintar. Para algunos niños, sentarse a estudiar es una pesadilla, a otros, les cuesta trabajo participar en el partido de fútbol. Unos aprenderán en media hora y otros en dos. Pero eso sí: el proceso nadie se los quita y nadie lo vive por ellos.

 

Esto es difícil de entender. Todo el tiempo escuchamos a otros adultos hablar de sus hijos y lo que hacen, e inmediatamente los comparamos con los nuestros. Sentimos que todo el tiempo tenemos que hacer más y más, llenar a los niños de actividades, de clases, de estrategias con las que creemos no se atrasarán. 

 

Pero en ese sube y baja, de ir de aquí para allá, de estar constantemente apuradas, perdemos de vista que el aprendizaje es un proceso y no un destino. 

 

Aprender es tolerar la frustración, el no saber y comprender que, lo que nos cuesta trabajo y por fin lo logramos, sabe más dulce y nos volvió más fuertes. 

 

La vida puede ser una competencia, pero que increíble sería que fuera un lugar en el que en vez de competir, nos acompañemos; en vez de apurarnos, confiemos; en vez de buscar más y más, estemos satisfechas con lo que ya es. En vez de comparar a nuestro hijo con otros niños y pensar que va atrasado y no le va muy bien, entendamos que el niño que tenemos enfrente tiene otras fortalezas y ser él mismo es lo que lo hace ser tan valioso.

 

¿Qué tal si entendemos que cada niño es un mundo y tiene sus propios tiempos y procesos?

 

Uno de los psicólogos más importantes de la historia, Carl Rogers, decía que las personas necesitamos tres elementos para crecer y ser nuestra mejor versión. Estos son: congruencia, aceptación positiva incondiconal y comprensión empática. Él, decía que las personas, como las plantas, necesitamos que nos nutran, sentir calor, que las condiciones sean como las neceseitamos, ni más ni menos. Porque cada planta necesita elementos en distintas cantidades.

 

Aunque suena difícil, lo que los niños necesitan más que nada es que los entendamos, que nos pongamos en sus zapatos y hablemos con ellos en su nivel, viéndolos a los ojos, utilizando palabras que ellos entiendan. 

 

Necesitan que seamos congruentes, que actuemos con el ejemplo y escuchemos nuestras propias palabras. 

 

Que mostremos nuestras emociones y nos quitemos la máscara. 

 

Sobre todo, necesitan saber que creemos en ellos, que los queremos pase lo que pase y que para nosotros, ellos son únicos y los más especiales.

  

Así que no te apures y no lo apures. Confía en que le estás dando lo que necesita y escúchalo para descubrirlo. Confía en el tiempo y sus procesos, porque por lo general, todo se resuelve cuando se tiene que resolver y sobre todo, crece y florece si lo cuidamos y somos pacientes.

 

Con información de Excélsior.


 

Tags: niños,, procesos,

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